A principios de junio, la agencia de calificación crediticia Standard & Poor’s ha analizado el comportamiento del escenario futuro de la deuda española tomando tres variables económicas y sus variaciones para obtener el horizonte financiero de la deuda pública para un conjunto de años que llega hasta el 2016.
El informe titulado “Stress Scenarios: Greece, Portugal, and Spain” viene a presentar una serie de resultados del comportamiento probable de las economías citadas en función de una prueba de estrés, tan de moda después de las realizadas al sistema financiero americano durante el último año, la cuál consiste en simular las consecuencias que podría tener un empeoramiento de las principales variables de la actividad financiera sobre la estabilidad de las entidades americanas. Estas pruebas de estrés son algo así como experimentos en laboratorios donde se intenta estudiar el comportamiento de un elemento en función de los resultados obtenidos cuando se hacen modificaciones en las variables de estudio. Por tanto, solo son una proyección analítica de la posible conducta de las finanzas públicas en un futuro, no una profecía de lo que va a pasar.
Pues bien, el informe viene a estudiar el impacto de un menor crecimiento del PIB, del deflactor del PIB y del saldo primario de los presupuestos estatales sobre la evolución de la deuda total de Grecia, Portugal y España. Inicialmente parte de un cuadro macroeconómico de la evolución más probable de la economía de los distintos países, para luego plantear dos escenarios de estrés: el primero simple, en el que se analiza el impacto sobre la evolución de la deuda bruta que tendría una disminución del PIB de 150 puntos básicos y un crecimiento del deflactor de 100 puntos básicos por debajo de las estimaciones de referencia para el período comprendido entre 2010 y 2012, a lo que habría que añadir el impacto sobre el modelo que tendría las ayudas al sistema financiero del país de referencia estimado en un 25% de los activos brutos problemáticos (que incluye préstamos vencidos y no cobrados, la refinanciación de préstamos dudosos y la adjudicación de activos sobrevalorados)
El segundo modelo, llamado doble, en el que se estudia el choque que produciría en la deuda pública soberana el descenso de 300 puntos básicos (pb) en el PIB y la disminución de 200 pb en el deflactor de las economías durante el período 2010-2012, a lo que habría que sumar igualmente el impacto de una ronda de ayudas al sistema financiero en torno al 50% de los activos brutos problemáticos del sistema bancario.
Pues bien, en el caso español, el informe parte de un cuadro económico de referencia peor que las estimaciones barajadas por el equipo económico del gobierno. Según las estimaciones de Standard & Poor’s, el escenario principal estima que la deuda pública alcanzará el 86,3% del PIB en 2016, y que el Balance Primario de Estabilización de la Deuda (BSPB) tendría que estar por encima del 2% sobre el PIB para poder estabilizar el endeudamiento público y evitar su crecimiento vía intereses. Este último dato, está muy por encima del dato real del déficit primario estimado, que sólo en 2015 empezaría a crecer con un tímido 0,2% sobre el PIB.
Si nos fijamos en los datos del modelo simple, el ratio de deuda pública sobre PIB aumentaría hasta un 104,5% en 2016, y el BSPB sobre PIB debería tener un incremento intenso en el período 2010-2012 por encima del 4 % para poder estabilizar la deuda en torno al 94%. Si comparamos el caso español, con el de los demás países analizados, en esas mismas condiciones la deuda pública sobre PIB en 2016 sería del 165,3% para el caso griego, del 111,2% en el caso portugués, y del 104,5% en el caso de España.
Si analizamos el escenario doble, la deuda pública se dispararía al 124,2% del PIB (algo más de 1,25 billones de euros actuales), y el superávit primario de las cuentas públicas tendría que ser del 5,6%, 7,3% y 8,0% para el período comprendido entre 2010 y 2012, lo que contrasta con los datos estimados reales que son del –9,1%, –6,0% y –4,4% respectivamente.
Del informe podemos extraer la preocupante evolución por la intensidad del deterioro de las finanzas públicas españolas respecto de las otras dos economías analizadas. Si tomamos el escenario previsible de referencia, la deuda pública española pasaría del 54,3% en 2009 al 86,3% en 2016, lo que representa un crecimiento del 59% en el período. En el caso griego, aunque es bastante superior la situación de partida -pasa del 116,3% en 2009 al 143,2% en 2016-, el incremento es sólo del 23% en el mismo período. Mientras el caso portugués es comparablemente mejor que el español en términos relativos, ya que aunque empieza con una deuda del 76,8% del PIB en 2009 para alcanzar el 90,7% en 2016, el crecimiento es de sólo el 18,1% en seis años.
Al margen de que las premisas utilizadas por la agencia de calificación puedan ser calificadas de excesivamente pesimistas o no, lo que sí se puede observar es que el informe viene a justificar en gran medida los temores que los mercados financieros tienen hacia la evolución a medio plazo de la deuda soberana española, aunque últimamente hemos tenido algunos acontecimientos positivos respecto a la credibilidad de nuestra deuda (respaldo ruso comprando deuda, y colocación de bonos con unas peticiones por encima de las esperadas, aunque con un incremento considerable del tipo de colocación), lo cuál queda manifestado en el aumento considerable del diferencial con respecto al bono alemán que supera los 200 puntos básicos.