El año que comienza tiene por delante grandes incógnitas por definir. Lo que parece claro es que no va a ser un buen año. Queda por delante la reforma de las pensiones prometida, que puede tener en contra a sindicatos, con su correspondiente huelga general, algo que no beneficia a nadie. Las cajas de ahorros deberán concluir sus fusiones, con el ajuste en plantillas y oficinas que las devolverán a una situación de mayor solvencia y estabilidad. El paro tendrá un lugar destacado en el conjunto de problemas a resolver a lo largo de los próximos trimestres, ya que con un crecimiento reducido, un proceso de desapalancamiento general de los agentes económicos, un control férreo de las finanzas públicas por parte de los inversores internacionales, una actividad electoral que tampoco genera confianza, un problema importante de competitividad exterior y la escasez de financiación futura de la economía que se avecina, vamos a tener que poner en práctica las mejores herramientas de gestión y creatividad para poder salir del agujero del desempleo que nos lleva a ser un país desarrollado con tasas de subdesarrollado. La reforma laboral puesta en marcha ha tenido escaso impacto, debido al poco tiempo que lleva en vigor, por lo que todavía no se puede concluir si ha sido lo suficientemente profunda como abogaban algunos expertos. Lo que no cabe duda es que nuestro país necesita de agentes sociales que negocien y acuerden un modelo económico y social que será sustancialmente distinto del que hemos tenido hasta ahora, y esto tendrán que hacerlo obligatoriamente, o veremos como el esfuerzo de generaciones por construir el país que tenemos terminará en un mero recuerdo para las próximas que quedan por venir. Probablemente, los planteamientos ideológicos, egoísta y maximalistas harán un gran daño si no se encuadran dentro de procesos pragmáticos de búsqueda de soluciones en el que todos tendremos que hacer esfuerzos y cesiones de derechos que probablemente no puedan sostenerse en un futuro.
Los mercados han marcado el ritmo financiero en los últimos meses, y al margen de la oratoria mediática y política, España ha sido un país que ha crecido de forma importante gracias al endeudamiento externo, que ha sido posible por tener una moneda como el Euro, y porque los acreedores confiaban en la capacidad del país de seguir creciendo a tasas importantes. Evidentemente esto no hubiera podido ser así con las antiguas pesetas, y aunque algunas opiniones ponen como ejemplo la libra esterlina, olvidan que la economía inglesa es más competitiva y flexible que la española, y probablemente España necesite de mecanismos de control financiero y monetario para evitar el riesgo de políticas alejadas de racionalidad y objetividad que existen en muchos países en el mundo con monedas propias; y es que existen muchos más países en el mundo con monedas propias que tienen problemas de crecimiento, deuda y desarrollo, que los que no tienen esos problemas. Por tanto, los mercados no son más que inversores o gestores de fondos que deciden invertir los recursos que gestionan en aquellos instrumentos de deuda de países que le merece la mayor confianza, y sus clientes -en los que estamos incluidos todos nosotros, o al menos todo aquel que tiene un fondo de inversión, plan de pensiones, depósito bancario, etc.- ponen su confianza en la capacitación y competencia de dichos profesionales para hacer rentable los ahorros encomendados. Quizá el desconocimiento de cómo funcionan los mercados sea lo que provoca recelos y críticas, algunas justificadas y otras evidentemente interesadas. Los derivados financieros generan reproches razonables, ya que no podemos olvidar que la desregulación, la falta de supervisión y el exagerado apalancamiento financiero de estos instrumentos están detrás del desastre financiero producido en 2008. Pero lo que no admite dudas es que es imposible manipular permanentemente un mercado, ya sea de deuda, bursátil o monetario, debido a los volúmenes que manejan y al hecho de que si una determinada estrategia estuviera permanentemente generando ganancias todo los gestores actuarían de la misma manera, por lo que todos comprarían o venderían y al no existir contraparte tampoco habría mercado. En cuanto a la prima de riesgo país que actualmente está por encima de los 200 punto básicos, quizá es un reflejo del exceso de desconfianza que generan en los acreedores extranjeros el hecho de que España esté catalogada como país periféfico de la Unión, y por tanto sospechoso de un posible default de deuda. Probablemente esa excesiva desconfianza tienda a remitir a lo largo del año, por lo que el diferencial con la deuda alemana termine en nivel más bajos y razonables -algunos expertos la sitúan entre 120 y 150 pb-. No tendría sentido seguir pagando diferenciales superiores a países muy por debajo de nuestro potencial económico, como tampoco lo tendría financiarnos con los mismos tipos que los alemanes como hemos estado haciendo hasta la explosión de la burbuja financiera en 2008.
Tampoco podemos afirmar que España no tenga problema de endeudamiento excesivo, que es lo que está detrás de la cautela y precaución de los inversores extranjeros. Nuestra economía necesita refinanciar gran parte de la deuda existente en estos momentos, y en el mercado se especula sobre la disposición de los acreedores a confiar de nuevo en la deuda española. Es cierto que en el exterior, la capacidad de pago de la deuda pública y privada española se analiza en su conjunto, lo que plantea conclusiones equivocadas. Centrándonos en el ámbito europeo, las economías con problemas que han sido rescatadas son aquellas que, o bien tenían un problema de déficit/deuda pública elevada preocupante como era el caso griego, o bien tenían un sistema financiero descapitalizado e insolvente como el Irlandés. Es verdad que España es uno de los países más endeudados de la Unión Europea, y que por su tamaño sería inviable un rescate como los citados anteriormente, pero el problema español no es de solvencia bancaria o del Estado, sino de endeudamiento excesivo de las empresas no financieras y de las familias. Las principales empresas españolas iniciaron un proceso de internacionalización que se ha financiado con endeudamiento externo, al igual que el auge inmobiliario que tiene bloqueado una gran parte de dicho pasivo, a lo que hay que añadir las deudas de las familias que adquirieron compromisos financieros elevados en el pico del ciclo de la vivienda. Por tanto, no existe un sector concreto de carácter sistémico que ponga en entredicho la capacidad de pago de la economía como un todo. Las Administraciones Públicas han adoptado medidas para el control del déficit tanto central como autonómico -este último en pleno debate sobre la utilidad, racionalidad y control del gasto que realizan-, aunque queda por solucionar la situación de la financiación local de muchos ayuntamientos que están en quiebra por insolvencia y no solo por falta de liquidez; por tanto, el endeudamiento máximo al que llegaremos en 2013 no excederá del 90% del PIB en un escenario pesimista -actualmente algo superior al 60% del PIB-, cifra nada preocupante visto el endeudamiento de otras economías como la italiana, y siempre que se lleven a cabo las reformas que la economía necesita para crecer y que están en pleno debate actualmente. El sector financiero tampoco es un problema especialmente preocupante si se compara con otras economías europeas importantes, debido a que la mora llegará a su máximo en el primer semestre de este año, y las cinco principales entidades financieras que representan el 60% del sector gozan de una solvencia fuera de toda duda -Santander y BBVA son ejemplos de entidades solventes que han realizado adquisiciones e inversiones en momentos en los que sus competidores europeos y estadounidense estaban siendo salvados, reflotados o directamente nacionalizados por sus propios estados-. Los problemas están concentrados en las cajas de ahorros de menor tamaño, que son precisamente las entidades que hubieran sido el motor de la financiación del crecimiento si no fuera por la mala gestión profesional realizada, y el escaso tamaño para afrontar las inversiones y riesgos insoportables para sus balances. La reestructuración y la buena supervisión del Banco de España, terminarán en un proceso de consolidación, reducción de estructuras, racionalización de costes y aumento de la capitalización y solvencia de las entidades resultantes.
En conclusión, la factura de la crisis está todavía por pagar, y este año será difícil en sus comienzos, aunque la vuelta a la normalidad precrisis tardará algunos años y probablemente con un modelo social y económico distinto del que hemos tenido hasta hoy. El gasto público está siendo analizado, cuestionado, fiscalizado y racionalizado ante un cambio de mentalidad del ciudadano que entiende que los recursos que gastan las administraciones salen de unos sueldos, ganancias y rentas en general cada vez menores debido al estancamiento de la Renta Bruta Disponible en un escenario de repunte de la inflación, y que con un volumen de parados superior a los cuatro millones que permanecerán así largo tiempo, es necesario optimizar y redistribuir las cargas públicas de manera que no se ponga en peligro las columnas del estado del bienestar del país. El incremento del coste de financiación de la deuda pública y privada nacional no es el problema, es un síntoma que debemos analizar y diagnosticar en un ejercicio de reflexión objetiva, y ese proceso nos lleve probablemente a encontrar estructuras demasiado burocráticas y poco competitivas, incentivos perversos que distribuyen los recursos escasos existente hacia inversiones o gastos con escaso valor productivo real, unos recursos humanos muy preparados pero sin perspectivas profesionales -todo el mundo está deacuerdo en que hay que estimular el riesgo empresarial-, un escaso tejido de emprendedores que en realidad disponen de ayudas escasas por parte de unas instituciones que quieren prestar su apoyo y no lo consiguen, y en conclusión unos defectos que están detectados en muchos estudios técnicos y análisis rigurosos de instituciones académicas y profesionales de este país, pero que no se terminan de incorporar en los análisis y debates de las reformas pendientes que se necesitan.
Los mercados han marcado el ritmo financiero en los últimos meses, y al margen de la oratoria mediática y política, España ha sido un país que ha crecido de forma importante gracias al endeudamiento externo, que ha sido posible por tener una moneda como el Euro, y porque los acreedores confiaban en la capacidad del país de seguir creciendo a tasas importantes. Evidentemente esto no hubiera podido ser así con las antiguas pesetas, y aunque algunas opiniones ponen como ejemplo la libra esterlina, olvidan que la economía inglesa es más competitiva y flexible que la española, y probablemente España necesite de mecanismos de control financiero y monetario para evitar el riesgo de políticas alejadas de racionalidad y objetividad que existen en muchos países en el mundo con monedas propias; y es que existen muchos más países en el mundo con monedas propias que tienen problemas de crecimiento, deuda y desarrollo, que los que no tienen esos problemas. Por tanto, los mercados no son más que inversores o gestores de fondos que deciden invertir los recursos que gestionan en aquellos instrumentos de deuda de países que le merece la mayor confianza, y sus clientes -en los que estamos incluidos todos nosotros, o al menos todo aquel que tiene un fondo de inversión, plan de pensiones, depósito bancario, etc.- ponen su confianza en la capacitación y competencia de dichos profesionales para hacer rentable los ahorros encomendados. Quizá el desconocimiento de cómo funcionan los mercados sea lo que provoca recelos y críticas, algunas justificadas y otras evidentemente interesadas. Los derivados financieros generan reproches razonables, ya que no podemos olvidar que la desregulación, la falta de supervisión y el exagerado apalancamiento financiero de estos instrumentos están detrás del desastre financiero producido en 2008. Pero lo que no admite dudas es que es imposible manipular permanentemente un mercado, ya sea de deuda, bursátil o monetario, debido a los volúmenes que manejan y al hecho de que si una determinada estrategia estuviera permanentemente generando ganancias todo los gestores actuarían de la misma manera, por lo que todos comprarían o venderían y al no existir contraparte tampoco habría mercado. En cuanto a la prima de riesgo país que actualmente está por encima de los 200 punto básicos, quizá es un reflejo del exceso de desconfianza que generan en los acreedores extranjeros el hecho de que España esté catalogada como país periféfico de la Unión, y por tanto sospechoso de un posible default de deuda. Probablemente esa excesiva desconfianza tienda a remitir a lo largo del año, por lo que el diferencial con la deuda alemana termine en nivel más bajos y razonables -algunos expertos la sitúan entre 120 y 150 pb-. No tendría sentido seguir pagando diferenciales superiores a países muy por debajo de nuestro potencial económico, como tampoco lo tendría financiarnos con los mismos tipos que los alemanes como hemos estado haciendo hasta la explosión de la burbuja financiera en 2008.
Tampoco podemos afirmar que España no tenga problema de endeudamiento excesivo, que es lo que está detrás de la cautela y precaución de los inversores extranjeros. Nuestra economía necesita refinanciar gran parte de la deuda existente en estos momentos, y en el mercado se especula sobre la disposición de los acreedores a confiar de nuevo en la deuda española. Es cierto que en el exterior, la capacidad de pago de la deuda pública y privada española se analiza en su conjunto, lo que plantea conclusiones equivocadas. Centrándonos en el ámbito europeo, las economías con problemas que han sido rescatadas son aquellas que, o bien tenían un problema de déficit/deuda pública elevada preocupante como era el caso griego, o bien tenían un sistema financiero descapitalizado e insolvente como el Irlandés. Es verdad que España es uno de los países más endeudados de la Unión Europea, y que por su tamaño sería inviable un rescate como los citados anteriormente, pero el problema español no es de solvencia bancaria o del Estado, sino de endeudamiento excesivo de las empresas no financieras y de las familias. Las principales empresas españolas iniciaron un proceso de internacionalización que se ha financiado con endeudamiento externo, al igual que el auge inmobiliario que tiene bloqueado una gran parte de dicho pasivo, a lo que hay que añadir las deudas de las familias que adquirieron compromisos financieros elevados en el pico del ciclo de la vivienda. Por tanto, no existe un sector concreto de carácter sistémico que ponga en entredicho la capacidad de pago de la economía como un todo. Las Administraciones Públicas han adoptado medidas para el control del déficit tanto central como autonómico -este último en pleno debate sobre la utilidad, racionalidad y control del gasto que realizan-, aunque queda por solucionar la situación de la financiación local de muchos ayuntamientos que están en quiebra por insolvencia y no solo por falta de liquidez; por tanto, el endeudamiento máximo al que llegaremos en 2013 no excederá del 90% del PIB en un escenario pesimista -actualmente algo superior al 60% del PIB-, cifra nada preocupante visto el endeudamiento de otras economías como la italiana, y siempre que se lleven a cabo las reformas que la economía necesita para crecer y que están en pleno debate actualmente. El sector financiero tampoco es un problema especialmente preocupante si se compara con otras economías europeas importantes, debido a que la mora llegará a su máximo en el primer semestre de este año, y las cinco principales entidades financieras que representan el 60% del sector gozan de una solvencia fuera de toda duda -Santander y BBVA son ejemplos de entidades solventes que han realizado adquisiciones e inversiones en momentos en los que sus competidores europeos y estadounidense estaban siendo salvados, reflotados o directamente nacionalizados por sus propios estados-. Los problemas están concentrados en las cajas de ahorros de menor tamaño, que son precisamente las entidades que hubieran sido el motor de la financiación del crecimiento si no fuera por la mala gestión profesional realizada, y el escaso tamaño para afrontar las inversiones y riesgos insoportables para sus balances. La reestructuración y la buena supervisión del Banco de España, terminarán en un proceso de consolidación, reducción de estructuras, racionalización de costes y aumento de la capitalización y solvencia de las entidades resultantes.
En conclusión, la factura de la crisis está todavía por pagar, y este año será difícil en sus comienzos, aunque la vuelta a la normalidad precrisis tardará algunos años y probablemente con un modelo social y económico distinto del que hemos tenido hasta hoy. El gasto público está siendo analizado, cuestionado, fiscalizado y racionalizado ante un cambio de mentalidad del ciudadano que entiende que los recursos que gastan las administraciones salen de unos sueldos, ganancias y rentas en general cada vez menores debido al estancamiento de la Renta Bruta Disponible en un escenario de repunte de la inflación, y que con un volumen de parados superior a los cuatro millones que permanecerán así largo tiempo, es necesario optimizar y redistribuir las cargas públicas de manera que no se ponga en peligro las columnas del estado del bienestar del país. El incremento del coste de financiación de la deuda pública y privada nacional no es el problema, es un síntoma que debemos analizar y diagnosticar en un ejercicio de reflexión objetiva, y ese proceso nos lleve probablemente a encontrar estructuras demasiado burocráticas y poco competitivas, incentivos perversos que distribuyen los recursos escasos existente hacia inversiones o gastos con escaso valor productivo real, unos recursos humanos muy preparados pero sin perspectivas profesionales -todo el mundo está deacuerdo en que hay que estimular el riesgo empresarial-, un escaso tejido de emprendedores que en realidad disponen de ayudas escasas por parte de unas instituciones que quieren prestar su apoyo y no lo consiguen, y en conclusión unos defectos que están detectados en muchos estudios técnicos y análisis rigurosos de instituciones académicas y profesionales de este país, pero que no se terminan de incorporar en los análisis y debates de las reformas pendientes que se necesitan.
8 de enero de 2011