Las reformas se aceleran

Las reformas se aceleran; nada más hay que ver los cambios que se van a producir en la propiedad de las cajas de ahorros debido a las nuevas medidas puestas en marcha por el Ministerio de Economía para adelantar la implantación de las exigencias en capital de Basilea III y terminar de una vez con el proceso de reestructuración de las cajas de ahorros españolas. Durante el año pasado, el Banco de España se dedicó a presionar para que las entidades se pusieran manos a la obra en su propia reestructuración, dejándolas para que se fusionaran sin intervención externa. Para ello exigió que se hiciera en el menor tiempo posible, y que los criterios utilizados para realizar las fusiones tuvieran una lógica económica y financiera. En fin, se trataba de reestablecer la confianza de los inversores internacionales, que veían en ese segmento del sistema financiero español serios problemas de transparencia y solvencia. Esta falta de credibilidad institucional hacía y hace mucho daño a nuestra economía, pues restringe el crédito global que llega a ésta. Pues bien, los tiempos y la paciencia del supervisor se agotaron, y el Ministerio de Economía a propuesta del banco emisor ha obligado a las entidades resultantes de la primera fase de fusiones a tener que hacer lo que no han podido o querido hacer hasta ahora. Básicamente se trata de adelantar las nuevas exigencias de capital que establece Basilea III, y de camino acelerar los cambios para sanear aquellas cajas que aún no tienen suficientemente aclarado su porvenir. Y es que muchas de las fusiones se hicieron con criterios estrictamente políticos, por lo que no se tuvo en cuenta la idea inicial del supervisor para que las cajas que estaban en mejor estado absorbieran o reflotaran aquellas que estaban peor, disponiendo de las ayudas del FROB para ello. Pues bien, la nueva medida puesta en marcha obliga a que el core capital -capital más reservas divididos entre activos ponderados por riesgo- antes de septiembre de este año esté situado en el 8% para aquellas entidades que tengan una valoración de mercado -ya sea por que tienen accionistas privados de referencia o porque cotice en bolsa el banco creado-; para aquellas que no creen un banco donde aportar los activos, se les exigirá un core capital del 10% que tendrán que conseguir de alguna manera, o serán ayudados por el Banco de España mediante el FROB, nombrando consejeros para supervisar el saneamiento. Está previsto que casi todas las cajas aporten sus activos a un banco de nueva creación, y un ejemplo de ello está en el nuevo Caixabank, creado por La Caixa para conseguir que el core capital del grupo se quede en el 8%,  lo que  implica tener un exceso de solvencia de 1.000 millones de euros; en el caso de quedarse en el estatus de caja el déficit de capital estaría en torno a los 2.300 millones de euros.



Dentro de la actualidad económica tenemos otra reforma de calado que se ha estrenado con la visita de la canciller alemana a nuestro país: la reforma de las pensiones. Ampliar la edad de jubilación hasta los 67 años, tener que cotizar 38 años y medio para conseguir la pensión completa y ampliar a 25 años el período utilizado para calcular la pensión a cobrar supone una importante rebaja de los costes del sistema de pensiones que como se sabe desde hace tiempo era inviable en el futuro tal como estaba planteado. El régimen nuevo seguramente tenga que ser reformado en el futuro, y la idea de completar un sistema público con planes privados de ahorro para la jubilación debería de ser suficientemente explicado y expuesto a los ciudadanos para que sean conscientes de los riesgos de no transferir parte de sus rentas actuales como ahorro utilizable en el futuro. La actual normativa supone de hecho una merma en los ingresos de los próximos pensionistas -la entrada en vigor del nuevo sistema se hará de manera progresiva-, y las posibles revisiones vayan en la misma línea de reducción en el cobro de las prestaciones de jubilición; por tanto, las personas deben de ser conscientes que al margen de consideraciones ideológicas y políticas, el sistema mixto es un escenario real al que habrá que acostumbrarse si no quieren dejar en manos del azar los ingresos que obtengan en el momento de jubilarse de manera digna. Y es que pasar de un sistema público actual de pensiones basado en el reparto de las cotizaciones entre los pensionistas, a un sistema privado puro de capitalización en el que cada individuo va acumulando su propia pensión, no es viable. Ahora bien, como la virtud no está en el exceso ni en el defecto, sino en el equilibrio, sería razonable plantear una reforma para llegar a un sistema mixto en el que cada cual pueda capitalizar el ahorro que crea oportuno para su jubilación partiendo de un sistema público que aporte seguridad en el cobro de pensiones mínimas, aportando  asimismo, mediante una legislación oportuna, las garantías suficientes para que los gestores privados de fondos destinados a la jubilición no puedan hacer inversiones en activos que puedan suponer pérdidas,  obligando a invertir en bonos del tesoro español tal como hace la Seguridad Social con el fondo de reserva.  Sería algo parecido al sistema sanitario actual en el que se mezclan por un lado el público y el privado pasando por entidades concertadas en colaboración con la administración; actualmente todo individuo tiene derecho a la prestación sanitaria universal, pero aquellos que lo quieren contratan un seguro médico porque piensan que obtienen así una atención médica rápida y preferente. En conclusión, puede ser ingenuo pensar que el sistema público es suficiente para mantener un nivel razonable de vida para un futuro jubilado, máxime cuando con la reforma nos encontramos con que para cobrar la pensión completa de jubilación debemos de aprobar una oposición antes de los 28 años y medio, para que sumados a los 38 años y medio de cotización que tendremos que consolidar podamos cobrar una pensión que se calcula utilizando los ingresos obtenidos durante los 25 años anteriores. Para el resto de ciudadanos sería bueno planificar la jubilación utilizando instrumentos financieros, activos inmobiliarios, bienes tangibles, etc.


Aprovechando que Alemania está siendo el centro de la actualidad, es curiosa la promoción de  la necesidad de personal cualificado que está realizando la señora Merkel para atraer a su país aquellos jóvenes  bien preparados que quieran tener un trabajo estable y bien retribuido. Aunque parece anecdótico, no deja de ser incoherente que un país como España que ha estado importando mano de obra poco cualificada para cubrir las necesidades laborales que no querían o podían cubrir los trabajadores nacionales, tenga que acudir a la válvula de escape de la emigración de jóvenes parados, pero también muy preparados, para cubrir puestos de valor añadido en Alemania. El coste de formación de un ingeniero por parte del sistema público español pagado con impuestos se lo ahorran en el país de destino, donde con sólo enseñarles el idioma, integran un personal altamente cualificado a su sistema productivo. Toda esa fuente de creatividad, de capacidad de innovación y de ganas de trabajar se termina escapándo, de manera que el principal activo  diferencial de una economía como son sus recursos humanos cualificados terminan creando riqueza  en el exterior. Los incentivos actuales son perversos, ya que los mejores terminan sacando unas oposiciones o marchándose a otro sitio donde puedan trabajar en aquello para lo que están muy preparados, y donde hay demanda de sus servicios como en el país germano. No hace falta razonar mucho para encontrar la fuente del milagro económico que comentan en los medios de comunicación españoles, y sería ingenuo pensar que los expatriados volverán algún día mejor preparado y con un Know how maduro para crear proyectos en España, a la vista de que los que se fueron en su momento y han regresado atraídos por un proyecto o idea para desarrollar aquí, han terminado haciendo las maletas ante la frustación  provocada entre otras razones por la crisis económica y financiera. De todas formas, no hay que caer en paralelismos inapropiados ni debates inútiles, toda vez que en la construcción europea es fundamental la libre circulación de personas, de igual manera que lo es e bienes y nadie discute los beneficios que genera. Que otro país como Alemania  requiera de individuos preparados para trabajar  en sectores que requieren alta cualificación no debe ser un agravio nacional, más bien un elogio del esfuerzo realizado por la sociedad española para tener la generación de jóvenes más preparados de su historia.Quizás la discusión está en la capacidad de nuestro sistema educativo, institucional, económico o productivo de conectar oferta y demanda, además de incentivar la iniciativa empresarial que tanto espolean en todos los discursos la mayoría de dirigentes de este país, y que no se termina de reflejar en la realidad.

Mientras, los mercados siguen imponiendo la actualidad financiera. La prima de riesgo se reduce ante lo que parece más una crisis del euro que de un país concreto como España; los mercados temen más un posible desmoronamiento de la moneda común -de ahí el intenso apoyo al euro de Alemania y Francia-, que un posible default de deuda soberana del estado español. La cuantía de fondos necesarios para cubrir las necesidades de capital de las entidades financieras con activos inmobiliarios adjudicados por encima de su valor de mercado actual son de 20.000 millones de euros según el Ministerio de Economía,  y de hasta 200.000 millones de euros según el organismo, agencia o analista que  se  tenga en consideración.  En el peor de los casos el sector público tendría que endeudarse en torno a un 20%  más de PIB para reflotar definitivamente el sector financiero, lo que colocaría la deuda por encima del 80% sobre PIB,  siendo aún menor que los ratios de Alemania y Francia. La financiación pública canibaliza los recursos financieros escasos a repartir, y las dudas sobre la solvencia de las cajas de ahorros  y la capacidad del Tesoro de refinanciar los vencimientos que se aproximan sigue siendo la escusa perfecta para imponer spreads elevado s al bono español. En conclusión, los mercados de deuda seguirán nerviosos y las restricciones crediticias continuarán hasta que no se despejen definitivamente las dudas existentes. Veremos diferenciales respecto al bono alemán más bajos de los actuales a lo largo del año, aunque seguiremos pagando cara la financiación. 


La factura de la crisis está todavía por pagar

El año que comienza tiene por delante grandes incógnitas por definir. Lo que parece claro es que no va a ser un buen año. Queda por delante la reforma de las pensiones prometida, que puede tener en contra a sindicatos, con su correspondiente huelga general, algo que no beneficia a nadie. Las cajas de ahorros deberán concluir sus fusiones, con el ajuste en plantillas y oficinas que las devolverán a una situación de mayor solvencia y estabilidad. El paro tendrá un lugar destacado en el conjunto de problemas a resolver a lo largo de los próximos trimestres, ya que con un crecimiento reducido, un proceso de desapalancamiento general de los agentes económicos,  un control férreo de las finanzas públicas por parte de los inversores internacionales, una actividad electoral que tampoco genera confianza, un problema importante de competitividad exterior y la escasez de financiación futura  de la economía que se avecina, vamos a tener que poner en práctica las mejores herramientas de gestión y creatividad para poder salir del agujero del desempleo que nos lleva a ser un país desarrollado con tasas de subdesarrollado.  La reforma laboral puesta en marcha ha tenido escaso impacto, debido al poco tiempo que lleva en vigor, por lo que todavía no se puede concluir si ha sido lo suficientemente profunda como abogaban algunos expertos. Lo que no cabe duda es que nuestro país necesita de agentes sociales que negocien y acuerden un modelo económico y social que será sustancialmente distinto del que hemos tenido hasta ahora, y esto tendrán que hacerlo obligatoriamente, o veremos como el esfuerzo de generaciones por construir el país que tenemos terminará en un mero recuerdo para las próximas que quedan por venir. Probablemente, los planteamientos ideológicos, egoísta y maximalistas harán un gran daño si no se encuadran dentro de procesos pragmáticos de búsqueda de soluciones en el que todos tendremos que hacer esfuerzos y cesiones de derechos que probablemente no puedan sostenerse en un futuro.

Los mercados han marcado el ritmo financiero en los últimos meses, y al margen de la oratoria mediática y política, España ha sido un país que ha crecido de forma importante gracias al endeudamiento externo, que ha sido posible por tener una moneda como el Euro, y porque los acreedores confiaban en la capacidad del país de seguir creciendo a tasas importantes. Evidentemente esto no hubiera podido ser así con las antiguas pesetas, y aunque algunas opiniones ponen como ejemplo la libra esterlina, olvidan que la economía inglesa es más competitiva y flexible que la española, y probablemente España necesite de mecanismos de control financiero y monetario para evitar el riesgo de políticas alejadas de racionalidad y objetividad que existen en muchos países en el mundo con monedas propias; y es que existen muchos más países en el mundo con monedas propias que tienen problemas de crecimiento, deuda y desarrollo, que los que no tienen esos problemas. Por tanto, los mercados no son más que inversores o gestores de fondos que deciden invertir los recursos que gestionan en aquellos instrumentos de deuda de países que le merece la mayor confianza, y sus clientes -en los que estamos incluidos todos nosotros, o al menos todo aquel que tiene un fondo de inversión, plan de pensiones, depósito bancario, etc.- ponen su confianza en la capacitación y competencia de dichos profesionales para hacer rentable los ahorros encomendados. Quizá el desconocimiento de cómo funcionan los mercados sea lo que provoca recelos y críticas, algunas justificadas y otras evidentemente interesadas. Los derivados financieros generan reproches razonables, ya que no podemos olvidar que la desregulación, la falta de supervisión y el exagerado apalancamiento financiero de estos instrumentos están detrás del desastre financiero producido en 2008. Pero lo que no admite dudas es que es imposible manipular permanentemente un mercado, ya sea de deuda, bursátil o monetario, debido a los volúmenes que manejan y al hecho de que si una determinada estrategia estuviera permanentemente generando ganancias todo los gestores actuarían de la misma manera, por lo que todos comprarían o venderían y al no existir contraparte tampoco habría mercado. En cuanto a la prima de riesgo país que actualmente está por encima de los 200 punto básicos, quizá es un reflejo del exceso de desconfianza que generan en los acreedores extranjeros el hecho de que España esté catalogada como país periféfico de la Unión, y por tanto sospechoso de un posible default de deuda. Probablemente esa excesiva desconfianza tienda a remitir a lo largo del año, por lo que el diferencial con la deuda alemana termine en nivel más bajos y razonables -algunos expertos la sitúan entre 120 y 150 pb-. No tendría sentido seguir pagando diferenciales superiores a países muy por debajo de nuestro potencial económico, como tampoco lo tendría financiarnos con los mismos tipos que los alemanes como hemos estado haciendo hasta la explosión de la burbuja financiera en 2008.


Tampoco podemos afirmar que España no tenga problema de endeudamiento excesivo, que es lo que está detrás de la cautela y precaución de los inversores extranjeros. Nuestra economía necesita refinanciar gran parte de la deuda existente en estos momentos, y en el mercado se especula sobre la disposición de los acreedores a confiar de nuevo en la deuda española. Es cierto que en el exterior, la capacidad de pago de la deuda pública y privada española se analiza en su conjunto, lo que plantea conclusiones equivocadas. Centrándonos en el ámbito europeo, las economías con problemas que han sido rescatadas son aquellas que, o bien tenían un problema de déficit/deuda pública elevada preocupante como era el caso griego, o bien tenían un sistema financiero descapitalizado e insolvente como el Irlandés. Es verdad que España es uno de los países más endeudados de la Unión Europea, y que por su tamaño sería inviable un rescate como los citados anteriormente, pero el problema español no es de solvencia bancaria o del Estado, sino de endeudamiento excesivo de las empresas no financieras y de las familias. Las principales empresas españolas iniciaron un proceso de internacionalización que se ha financiado con endeudamiento externo, al igual que el auge inmobiliario que tiene bloqueado una gran parte de dicho pasivo, a lo que hay que añadir las deudas de las familias que adquirieron compromisos financieros elevados en el pico del ciclo de la vivienda. Por tanto, no existe un sector concreto de carácter sistémico que ponga en entredicho la capacidad de pago de la economía como un todo. Las Administraciones Públicas han adoptado medidas para el control del déficit tanto central como autonómico -este último en pleno debate sobre la utilidad, racionalidad y control del gasto que realizan-, aunque queda por solucionar la situación de la financiación local de muchos ayuntamientos que están en quiebra por insolvencia y no solo por falta de liquidez; por tanto, el endeudamiento máximo al que llegaremos en 2013 no excederá del 90% del PIB en un escenario pesimista -actualmente algo superior al 60% del PIB-, cifra nada preocupante visto el endeudamiento de otras economías como la italiana, y siempre que se lleven a cabo las reformas que la economía necesita para crecer y que están en pleno debate actualmente. El sector financiero tampoco es un problema especialmente preocupante si se compara con otras economías europeas importantes, debido a que la mora llegará a su máximo en el primer semestre de este año, y las cinco principales entidades financieras que representan el 60% del sector gozan de una solvencia fuera de toda duda -Santander y BBVA son ejemplos de entidades solventes que han realizado adquisiciones e inversiones en momentos en los que sus competidores europeos y estadounidense estaban siendo salvados, reflotados o directamente nacionalizados por sus propios estados-. Los problemas están concentrados en las cajas de ahorros de menor tamaño, que son precisamente las entidades que hubieran sido el motor de la financiación del crecimiento si no fuera por la mala gestión profesional realizada, y el escaso tamaño para afrontar las inversiones y riesgos insoportables para sus balances. La reestructuración y la buena supervisión del Banco de España, terminarán en un proceso de consolidación, reducción de estructuras, racionalización de costes y aumento de la capitalización y solvencia de las entidades resultantes.            

En conclusión, la factura de la crisis está todavía por pagar, y este año será difícil en sus comienzos, aunque la vuelta a la normalidad precrisis tardará algunos años  y probablemente con un modelo social y económico distinto del que hemos tenido hasta hoy. El gasto público está siendo analizado, cuestionado, fiscalizado y racionalizado ante un cambio de mentalidad del ciudadano que entiende que los recursos que gastan las administraciones salen de unos sueldos, ganancias y rentas en general cada vez menores debido al estancamiento de la Renta Bruta Disponible en un escenario de repunte de la inflación, y que con un volumen de parados superior a los cuatro millones que permanecerán así largo tiempo, es necesario optimizar y redistribuir las cargas públicas de manera que no se ponga en peligro las columnas del estado del bienestar del país. El incremento del coste de financiación de la deuda pública y privada nacional no es el problema, es un síntoma que debemos analizar y diagnosticar en un ejercicio de reflexión objetiva, y ese proceso nos lleve probablemente a encontrar estructuras demasiado burocráticas y poco competitivas, incentivos perversos que distribuyen los recursos escasos existente hacia inversiones o gastos con escaso valor productivo real, unos recursos humanos muy preparados pero  sin perspectivas profesionales -todo el mundo está deacuerdo en que hay que estimular el riesgo empresarial-, un escaso tejido de emprendedores que en realidad disponen de ayudas escasas por parte de unas instituciones que quieren prestar su apoyo y no lo consiguen, y en conclusión unos defectos que están detectados en muchos estudios técnicos y análisis rigurosos de instituciones académicas y profesionales de este país, pero que no se terminan de incorporar en los análisis y debates de las reformas pendientes que se necesitan.

8 de enero de 2011